jueves, 11 de octubre de 2012
José Luis Garcia Herrera
Olvidar es descalzarse en silencio,
arrojar sobre las ruinas la danza de las huellas,
rasgar todas las páginas desde la edad temprana
y hallar que no se tiene un lugar en el tiempo
ni un espacio en la tierra
donde recitar las horas que perdimos
nadando en el interior de la tormenta.
Olvidar es morir
y morir es quemar la memoria
La canción del derrotado.
Ésta noche acepto la canción del derrotado,
la hago mia, la entono y canto a viva voz.
Cada estrofa de esta canción refleja lo que soy
en esta madrugada de hielo y navajas.
Vivo la vida a sorbos largos
como el borracho que acepta el alcohol
como pura compañía y mantiene cualquier conversación
si así ahuyenta a los jinetes de la soledad.
Esta noche vivo vino agrio y paleón,
busco olvidar las penas sin perder la cartera.
Ser franco y fiel a uno mismo exige desdoblarse
y vernos desde esos ojos vidriosos
que atraviesan los jardines de la infancia.
Plañid esta noche el laúd de la derrota.
Las canciones más amargas brotan del corazón,
patean el hígado sin saña y nacen
desde las entrañas de una voz quejumbrosa.
Busco un destierro temporal
porque llorar en tierra extraña
nos acerca más a lo amado, a lo vivido,
a la añoranza que exige papel y letra profunda.
Largo camino es llegar para volver
sin más recompensa que el polvo y el dolor,
la sed y la pesadumbre.
Largo camino es llegar a ningún sitio
y comprobar que nadie te espera.
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